lunes, 27 de abril de 2020

...las dos...


Yo a esto no le diría un poema. Sin embargo, entre todo lo que he escrito,  este y el de la semana entrante, están entre los textos que más me han gustado.

…las dos…

Tratando de alcanzar la vida, o pa’ que la vida no me alcance; tal vez las dos, y por eso mismo me estanco.

Persiguiendo amores viejos, o buscando lo que no ha sido; posiblemente las dos, por eso me dañé él camina’o.

La vida llegó sin manual, y no he aprendido a vivirla, siempre estoy persiguiendo ¿o me la paso de huida? Será un pucho de las dos, por eso la llevo perdida.

Nos pusieron a Ahab como ejemplo pa’ no perseguir obsesiones, ¡marino loco!  murió por andar tras una “inofensiva” ballena... ¿ Y si no era el capitán obsesivo ¿sino un simple soñador? ¿si corría detrás di ’algo? ¿O de huída del fracaso anterior? ¿serán posibles las dos y por eso se murió ahoga’o? de pronto, solo de pronto, ya estaba ahoga’o cuando se murió.

Manuel agarró tres amores y los hizo un solo amor, luego los cuatro, sin rencor,  los metió en un solo olvido… ¡hombre berraco “Manuelito”! yo me la paso sin amor… por eso es que nunca olvido.

Siempre apura’o en la vida, con afán de que pase algo,  tratando de alcanzar la vida, o pa’ que la que me tocó no me alcance; tal vez las dos, y por eso mismo me estanco.

El caballo trochador, que resuene repicando, y galopero pulido pa’l borracho alharacoso; pero al caballo acoso, pa’ que corra como flecha, tratando de alcanzar la vida, o pa’ que la que me tocó no me alcance; tal vez las dos, y por correlón no avanzo.

Como gallo fino en el ruedo, que es juga’o todos los días; pa’ que se gane la vida o pa’ que la vida le gane. Pa’ que mate la vida, o pa’ que la vida lo mate; siempre alguna de las dos… por eso vivo emputa’o. Hombre y gallo nacieron pa’ vivir, y morir peliando.

Encerra’o en días de sol, y en los lluviosos siempre moja’o; pa’ que se muera de enfermo, o porque vive alivia’o. “No importa cuál de las dos, igual siempre se ha queja’o.”

Y al final del escrito, sigue la misma cosa…siempre de afán, siempre apura’o… tratando de alcanzar la vida, o pa’ que la que me tocó no me alcance; tal vez las dos, y por eso es que no arranco.

Buscando lo ya perdí’o, o, tal vez, lo que nunca ha sido; seguramente las dos… por eso no me ataja el barranco.

*Sugerencia: a mis lectores amantes de las letras les recomiendo el blog de mi amigo Carlos Giraldo, aquí les dejo el link http://misnotasdehumo.blogspot.com/



lunes, 20 de abril de 2020

Maldición

Hace algunos días leí una publicación que alguien hizo en la cual  aludían a un “poeta maldito”… aquí una reflexión que me surgió a partir de tal término.

Maldición

Todo poeta nació maldito, con la memoria pronta y la ilusión marchita, con el anhelo de lo que fue, y el deseo de lo que nunca ha sido, sin goce de lo que ES… todo poeta nació maldito.

Con el “talento” para hacer bellas la emociones más tristes, con la facilidad de narrar en verso, o en prosa, el sentimiento nunca prescrito, nació para que su melancolía se haga entretenimiento, para que su alma produzca canciones… todo poeta nació maldito.

No es poeta aquel que compone un verso, tampoco lo es el que crea parábolas para ganar adeptos, el poeta es ese que con su tristeza entretiene a un pueblo, es poeta el que no puede escapar ni ignorar a sus rotos sentimientos; es por eso que todo poeta nació maldito.

La bendición de sus facilidades, son la maldición del recuerdo, perturbador, anhelante, imperecedero. Está condenado a volar, con las alas rotas, buscando olvidos inciertos, vuelos trabajosos y cortos, que nunca lo sacan de sus propios desiertos. Ahora, dime tú si lo que escribo no es cierto… todo poeta nació maldito.


No es que el poeta sienta diferente, tampoco que sea un perdido, simplemente no es un ser pragmático, pues no baja los brazos al cargar un “ayer” que hace tanto se ha ido. Es un simple solitario, al que no bendijo el olvido; hecho pa’l perpetuo abandono, todo poeta nació maldito.


*Sugerencia: a mis lectores amantes de las letras les recomiendo el blog de mi amigo Carlos Giraldo, aquí les dejo el link http://misnotasdehumo.blogspot.com/


domingo, 12 de abril de 2020

Regalos del Otoño.

Soy de cuadernos, o libretas, que abran bien y tengan hojas lisas... No importa si son blancas,  son de colores, o si tienen renglones, el todo es que ayuden cuando llega la hora de escribir.

Regalos del Otoño.

Cubierta de la estación tercera, especial y distinta; era de grácil cara y motivadora apariencia. Con la belleza de los asuntos gastados que, al reinventarse, adquieren nueva luz y alientan a apostarlo todo por ellos. Un color que era mitad bohemia y otro tanto de aparente compostura, estaba hecha de eso que tuvo nacimiento, como materia prima, en alguna lejana primavera; pero solo veinte hojas se usaron.

Solo veinte hojas de tantas, una por semana. De tales papeles únicamente sirvió su cara pues el reverso era rasposo, angulado, y no daba chance a la pluma, si acaso, tal vez, a un marcador, que en todo caso no fuera delgado. Pero durante esas veinte hojas, por los escritos cortos, aquello no importó.

Tenía un palo atravesado en el lomo, por eso no se abría del todo. En consecuencia tocaba sostenerle la tapa a la vez que iba rayando en ella cartas dicientes, y versos cojos. Tanto sostener se hizo agotador, al final opté por tomar las hojas y arrancarlas de un jalón.

Por eso desistí en su uso, lo mismo con quien me la dió. ¡Eran tan parecidas! La libreta, y la mujer. A su modo envueltas de otoño con origen primaveral. Hermosas y encantadoras, cada una en su forma, pero no estaban hechas para escribir una historia, al menos, no conmigo.

Ambas fueron regalos del otoño, y no conocieron la primavera. Que en sus páginas trabajosas, pero de encanto muy cierto, escriban buenas historias, con la pluma y el marcador; con la libreta y con la mujer.

Llegadas con el otoño, no vimos juntos la primavera.

domingo, 5 de abril de 2020

¿Donde Está el Paraíso?


"Cuando descubras tu propio Corazón, en él
encontrarás el Lugár de la Paz.

Desde entonces, Canaguay vivió, buscando su
propio Corazón. Una tarde, otro Gallo se lo abrió
en la Gallera." - Canaguay, Antonio Mejía Gutiérrez.


No sé muy bien por qué puse el final de Canaguay como cabeza de mi texto, pero desde que mi hermano me lo leyó por primera vez, mucho antes de entender su  pleno significado, es un pasaje literario que me resuena en la cabeza casi a diario. Tal vez sea que la vida de "Simón el Avispadito" está marcada por la misma estrella que la de su gallito de combate, y por ende la búsqueda de gallo y hombre es tan semejante. O de pronto, solo de pronto, es para rellenar espacio, sabedor de que el autor y sus herederos no me van a hacer reclamación por los derechos. 

Nunca he sufrido los espacios cerrados mientras pueda mover los brazos, sufro mas bien el encierro del alma, el cierre de la vida al que yo le eché candado. Esa ausencia que trato de asfixiar con humo, fermentación y destilados, la nostalgia de todo aquello que pudo haber sido, el anhelo de tantas cuantas cosas que, tal vez, nunca debieron ser.

No me aqueja la soledad física, esa que busco, tal vez de manera casi patológica, porque los cuerpos ajenos me estorban. Odio sin embargo la soledad del corazón, esa que se siente cuando no hay afecto ajeno, principalmente por haber tenido (durante mucho tiempo) la incapacidad de amarme a mi mismo. En mi defensa, quienes me han amado, saben que no es fácil hacerlo.

En este aislamiento he descubierto que anhelo mucho aquello que ya no está, que daría dos terceras partes de lo que queda por recuperar lo que ya se ha ido, o por conseguir lo que nunca fue; no por el encierro en sí mismo, quienes me conocen saben que no me representa un cambio muy grande a otras situaciones que ya viví con anterioridad (la recuperación de mi accidente, por ejemplo); es mas bien esa ansia de encontrar un nuevo lugar en el mundo donde pueda amar tanto lo que hago como cuando trabajaba con mis fantasmas 3 pisos bajo tierra sin mas compañía que la de unos espectros invisibles que sentía observarme por las hendijas de los anaqueles, eran días felices aunque su descripción no lo demuestre.

Ahora tengo muchos días felices, han sido los que invierto en escribir hasta que el cerebro se me exprime (afortunadamente la cuarentena me da para tener muchos de esos). Como lo fueron también todos aquellos que pasé cuidando caballos, aliviando taparos encarrillados, cuidándolos como si fueran solo míos. Ah días esos en los que ensillé el caballo para trabajar con él, para enseñarle a corregir defectos tan arraigados que otros no habrían podido mejorar, o esos en los que prendí la moto para alejarme de todo y de todos, sin otra compañía que no fuera mi soledad, sintiendo que el mundo era mío, que no necesitaba nada más, que nada me hacía falta; esos días de caballo y moto se fueron hace rato, sabrá Dios si alguna vez volverán.

El paraíso, mi paraíso, también está en ver jugar a mis sobrinos, nunca he sido bueno con los niños, incluso cuando fui niño me sentía ajeno a lo que representan, hay una barrera extraña que me separa de ese mundo fascinante, sin embargo, disfruto lo indecible sentándome cerca y oír atentamente sus constantes ocurrencias.

Hoy escribo esto a modo de catarsis, realmente valor literario no tiene este texto, incluso a medida en que lo escribo, me pregunto constantemente si valdrá la pena publicarlo, no sé si darle voz a este extrañar familia y cosas le dará el poder de regresión a aquello que todavía podría volver, o si, por el contrario, lo condenará a su perpetua pérdida. Esa duda me asalta, y me “atormenta” el saber que nadie tiene una respuesta certera sobre el asunto.

Al final, detrás de estas cortas líneas, llego a una conclusión obvia, el paraíso, mi paraíso, se encuentra en los días mas felices, en el amor. El amor, por lo que hacemos, el amor, por quienes tenemos, la pasión y el anhelo de dedicar mis días a eso que me aferra a seguir viviendo con esperanza y sin miedo… si algo de eso regresase, o si de lo otro pudiera pagar facturas, tendría la vida arreglada.

Afortunados aquellos que pueden vivir con amor, que tienen la bendición de pasar cada día haciendo lo que aman... eso si es vida.

domingo, 29 de marzo de 2020

El Rincón del Alma


A mis papás y hermanos…


El Rincón del Alma


Nunca me han gustado mucho los poemas de Benedetti, los encuentro poco creíbles, casi forzados; prefiero los que fueron escritos por Manuel o por Rubén. Poemas con cara de boleros o tangos, nacidos de amores muertos, de idilios cortos y olvidos amargos.


Los versos se hicieron para cargar el ritmo del dolor, al menos aquellos que son míos, mi sensación de dolor. Pocas veces nacen bueno versos que puedan destinados a amores que aún están vivos, y siempre, aquellos llevan consigo, implícitos en sus líneas, la marca del cuarto jinete, trayéndole (eventualmente) la ejecución compasiva, o la agónica y lenta muerte. De ello ya he hablado antes, mas para expresar el egoísmo con la felicidad, que es de naturaleza prosaica, y la fácil expresión del rítmico y eneasílabo dolor,  esa es la verdad de mis textos.


No obstante, hay un tipo de dolor, o tal vez de nostalgia, que es tan profunda como la dicha del sentirse amado, que no puede ser reducida o limitada al ritmo de nueve silabas con terminaciones homófonas, esa que se expresa en cuentos, o en reflexiones largas y autocompasivas. Esa añoranza que guardo con mas celo de lo que muchas veces he vigilado mis dichas, pero que hoy, no puedo evitar compartirla. Y es que en mi confinamiento, alejado de todos y de tanto, hay un lugar que extraño mas que los demás. No, no es Mi Manizales, mi ciudad natal.

Allá en el culo del mundo, donde los gigantes se fueron a morir para convertirse en colosales montañas, en lo más recóndito del universo mismo, reposan olvidadas las casas, con corrales de piedra, o de alambre de púa, ranchos de madera y tabla, todos de diferentes envergaduras. El paraíso perdido, al que solo una vez le he escrito, donde aprendí a hacerme hombre, o al menos, a ponerle la cara al mundo.


Unas montañas lejanas a las que solo a caballo se llega, de trochas intransitables, y de heladas primaveras. De valles de guayabas, y tierras ovejeras, con potros tan cerreros que no amansaba cualquiera. De burros que sin rebuznos, rugían como leones, de mulas que diablo desechó, pues pa montarlas no tuvo cojones.


De allá salió la filosofía que en parte me ha mantenido con vida, una frase muy amorosa que mi papá, asegurándose que de yo oía, como si no fuera conmigo, siempre decía -la montaña es buena pa’ levantar hijos y potros, si sobreviven a estos caminos, podrán sobrevivir a cualquier cosa-. ¿Tendría razón Toñito? Pues hasta el momento la ha tenido.


En esos mismos parajes, de la mano de mis hermanos, aprendí a pelear como fiera, y que no me paren los ramalazos. Con Miguel, mi hermano mayor, armábamos fogatas de dos metros de alto, con Felipe me abracé en mañanas frías y nos coloreábamos cantando. Donde Súper Ratón, fue bautizado con cerveza, y mi hermano se enamoró de un potro moro que vio salir de la maleza.


La luz se tardó en llegar, el televisor tampoco hizo falta ¿qué iba a hacerla? ¡con la cantidad de aventuras que vivimos! Empezando por el pisco, que me correteaba por todo el patio, huir de los gansos bravos, montar el ovejo arisco, o comernos el más cebado. Allá el mas grande privilegio, era ganar la carrera sin ensillar a Manolito.


Era una pésima idea retacarse en el camino, lo aprendieron a garroteras, caballos, mulas, y hasta un niño. Hoy entre pelas presentes, y risas muy  olvidadas, allá me vuelo de tarde en tarde, montado en los suspiros del alma, me agacho en los bebederos, pa’ refrescar el cogote, y en la imaginación cojo el monte, a lomos de mi alazán.


Ahora, mucho mas viejo, solo de lejos veo La Montaña, el gigante que cayó muerto por la ambición y la rabia. Y lloro, como cuando era niño y me tocaba volver a la casa, nostálgico de esos años, tan cercanos a mis padres y hermanos; que alejado me siento hoy de todos, amores, aventuras y caballos.

lunes, 23 de marzo de 2020

-The Charge of The Light Brigade- (La Carga de la Brigada Ligera} A.L.T.

Para hoy les tenía preparado un texto de esos que algunos denominan “poemas libres”, la verdad es que el mismo nunca verá la luz del día pues, ya una vez entrado en su revisión, me pareció un bodrio.

Por lo anterior, me dediqué a verificar otros textos que tenía en el tintero, y no encontré nada que me gustará, todos me supieron igual, la mitad expresando admiraciones trasnochadas, u optimismos ya descritos; otros tantos, dolores vinagres y rancios, ya superados, completamente ahogados en mares de inconsistencias y ríos de tiempo que se los llevaron a las costas del ostracismo.

He estado aprovechando el tiempo para trabajarle a mi novela, posiblemente por aquello que han dicho a cerca de Shakespeare y el Rey Lear; cabe reconocer honradamente que si bien no tengo, ni tendré nunca, el talento del juglar inglés, es la mejor forma de matar el tiempo en estos días de encierro obligado. Posiblemente entre vuelos de imaginación, e interminables lapsos de redacción, se me vengan a la cabeza escritos diversos, y de la longitud adecuada, para mis 4 asiduos lectores digitales que, armados de su celular, no capan la lectura semanal en mis pequeñas temporadas de producción pública.

Ahora bien, un amigo me recomendó escribir sobre la situación política actual, cosa que en parte me atrae. No obstante, y ya lo he manifestado varias veces, en cuanto yo ejerza algún tipo de servicio público, considero lo mas pertinente no inmiscuirme en tales asuntos, mis opiniones políticas me las guardo. ¿Por qué? Porque la lengua es el azote del culo.

Finalmente, tampoco tengo escritos que, siendo algo diferentes a los desechados, hayan pasado por los filtros necesarios para ser publicados con una redacción medianamente aceptable y algo de decoroso sentido literario, pues nunca publico nada que no lleve al menos una semana de maduración.

Así pues, la publicación de hoy (que la hago más por respeto a mis lectores sinceros) no es de autoría mía, pero si lo es su traducción; la comparto porque uno de mis poemas épicos y trágicos favoritos. Tal vez del mismo pueda salir algo de utilidad para reflexionar en estos días aciagos.Si nó, seguro que despertará admiración en algunos, al saber que es un canto realizado en homenaje a 600 valientes jinetes del ejercito inglés que dejaron todo en la Batalla de Balaclava, un fatídico 25 de octubre de 1854.

La dejo en orden inverso, primero la traducción y posteriormente el original.


-The Charge of The Light Brigade-  (La Carga de la Brigada Ligera) - por Alfred, Lord Tennyson.

I
A media legua, a Media legua,
A media legua adelante,
Hacia el valle de la muerte
Cabalgaron los seiscientos
“¡Avance la brigada ligera!
¡Carguen hacia las armas!” él dijo.
Al valle de la muerte
Cabalgaron los seiscientos.

II
“¡Avance la brigada ligera!”
¿Hubo un hombre consternado?
No, aunque el soldado supiera
Que alguien había cometido un error
No les compete replicar
No les compete razonar
Solo pueden hacer y morir
Hacia el valle de la muerte
Cabalgaron los seiscientos

III
El cañón a su derecha
El cañón a su izquierda
El cañón en frente de ellos
Dispararon y tronaron,
Los asaltaron con tiro y metralla.
Osados cabalgaron y lo hicieron bien
Hacia las fauces de la muerte
Hacia la boca del infierno
Cabalgaron los seiscientos

IV
Brillaron sus sables desnudos
Brillaron al girar en el aire
Sableando a los artilleros
Cargando contra un ejército, mientras todo el mundo esperaba.
Sumergidos en el humo de las armas
A través de la línea quebrada;
Cosaco y ruso retrocedieron
Rebanados por el golpe del sable
Destrozados y divididos
Entonces ellos cabalgaron de regreso
Pero no, no los seiscientos.

V
El cañón a su derecha
El cañón a su izquierda
El cañón tras de ellos.
Dispararon y tronaron,
Los asaltaron con tiro y metralla
Mientras caballo y héroe cayeron
Aquellos que pelearon tan bien
Salieron de las fauces de la muerte
Regresaron de la boca del infierno
Todos lo que quedaban de ellos
Los restantes de los seiscientos.

VI
¿Cuándo puede la gloria desvanecer?
¡O la carga salvaje que cometieron!
Todo el mundo se lo preguntó
¡Honren la carga que hicieron!
¡Honren a la Brigada Ligera!
¡nobles seiscientos!


-The Charge of The Light Brigade-  by Alfred, Lord Tennyson.

I
Half a league, half a league,
Half a league onward,
All in the valley of Death
Rode the six hundred.
“Forward, the Light Brigade!
Charge for the guns!” he said.
Into the valley of Death
Rode the six hundred.

II
“Forward, the Light Brigade!”
Was there a man dismayed?
Not though the soldier knew
Someone had blundered.
Theirs not to make reply,
Theirs not to reason why,
Theirs but to do and die.
Into the valley of Death
Rode the six hundred.

III
Cannon to right of them,
Cannon to left of them,
Cannon in front of them
Volleyed and thundered;
Stormed at with shot and shell,
Boldly they rode and well,
Into the jaws of Death,
Into the mouth of hell
Rode the six hundred.

IV
Flashed all their sabres bare,
Flashed as they turned in air
Sabring the gunners there,
Charging an army, while
All the world wondered.
Plunged in the battery-smoke
Right through the line they broke;
Cossack and Russian
Reeled from the sabre stroke
Shattered and sundered.
Then they rode back, but not
Not the six hundred.

V
Cannon to right of them,
Cannon to left of them,
Cannon behind them
Volleyed and thundered;
Stormed at with shot and shell,
While horse and hero fell.
They that had fought so well
Came through the jaws of Death,
Back from the mouth of hell,
All that was left of them,
Left of six hundred.

VI
When can their glory fade?
Oh the wild charge they made!
All the world wondered.
Honour the charge they made!
Honour the Light Brigade,
Noble six hundred!

domingo, 15 de marzo de 2020

No Había por Quien Llorar.

Muy en contra del gusto de mi amada madre, a quien no le gustan estos poemas, dejo este, la rima es prácticamente inexistente en sus versos, pero por algún motivo compensa esa arritmia con mucha fuerza... espero lo disfruten.

No Había por Quien Llorar.

Se murió el amor una noche
después de un fuerte aguacero.
Murió por balas de mentiras,
recalzadas con poco esmero.


Se murió el amor esa noche
a mí me tocó asesinarlo.
Agonizando yo lo veía,
fué acto piadoso anularlo.


Y cayó el amor una noche,
sin ninguna gazmoñería.
Su muerte un solo derroche
de abnegación sin desidia.


Falleció el amor esa noche,
y no obtuvo su velorio.
No hubo lágrimas de fantoche,
tampoco le di un promontorio.
Seis balazos, y pa´l río
Ejecutado como N.N…
sin adioses al amor mío.


Muy muerto y ahogado quedó,
sus memorias para el viento,
livianas del llanto el riego…

...no había por quien llorar…

domingo, 8 de marzo de 2020

De Algo nos Tenemos que Morir

A modo de nota introductoria:

Junto con el escrito anterior, nació este otro y, pese a también tener sabor a autosuperación, es de los que más me ha gustado en esta primera oleada de escritos modelo 2020.

Es posible que varios de mis amables lectores piensen que el tema de este texto es una manifiesta irresponsabilidad de mi parte, o tal vez una ingenuidad absoluta; en lo último, puede que hasta tengan razón, pero también los invito a que revisen a profundidad su concepto del control, el cual puede ser tan ilusorio como mi fascinación con el destino. No obstante no me detendré más en ello, pues profundizar en suposiciones podría dar pie para escribir un tratado de metafísica.

Espero que lo disfruten a pesar de su longitud y que entiendan su mensaje, de manera tal que puedan encarar sus miedos con entereza, después de todo...


DE ALGO NOS TENEMOS QUE MORIR

Un pensador árabe (o tal vez turco) cuya identidad no he podido recordar, definió el hilo de la vida con la palabra “Kismet” (en español, léase con acento en la E); tal palabra se entiende de manera simplista como “destino”, pero el personaje del que hablo en este texto, después de largas consideraciones, determinó que el Kismet es un destino inalterable, una “marca de nacimiento” o un “acta de defunción” si así se lo prefiere, es decir, es el hado inevitable para el que algunos están marcados, aunque tal vez todos lo estemos de alguna manera.

El Gran Vlad reinó en su pequeño y poderoso principado con mano de hierro ensangrentada, enfrentando a turcos y húngaros por igual, fundamentando cada una de sus decisiones, cada uno de sus crueles procederes, en el Kismet. También los pueblos escandinavos, desde mucho antes del  florecimiento del Imperio Otomano o la resistencia Valaka, tenían dos frases que siempre me han parecido sabias y poderosas (podrían solo ser un simple pajazo mental que me ha dado el aguante para afrontar las vicisitudes de la existencia). (i) “Wyrd biđ ful aræd” la cual se traduce en “el destino es inexorable” o “el destino es inescrutable”, cabe apuntar que el significado varía dependiendo de la traducción de la fuente. Tal vez, y es lo que yo quiero pensar, significa ambas cosas, pues el futuro no es predecible, y a su vez inevitable, sea cual sea el final de las cosas, eventualmente ha de llegar. (ii) afamada por producciones hollywoodenses se me hace también fascinante “el hilo de la vida fue cortado por Las Nornas mucho antes de que tu nacieras; puedes esconderte debajo de una piedra pero, en su momento, allí te encontrará la muerte”. Y es que la muerte siempre será el postrer peldaño en esta empinada escalera que llamamos vida.

Supongamos entonces que el Kismet es real, y por ende, en palabras del pensador de quien no me acuerdo el nombre, inalterable… ¿vale la pena dejarse paralizar por el miedo cuando al final sabemos que de algo nos tenemos que morir? Y no solo el temor a la muerte, sino a saber que, sin importar cual sea el camino que tomemos, en algún momento terminaremos viéndonos en determinada situación, intentando tomar la decisión que se pretendía evitar. En esos momentos cruciales, que definen existencias y se buscan a sí mismos en el trasegar de los días para cumplirse a cabalidad, cuando no haya más opción que enfrentar la determinación tan relegada, solo le resta al humano decir de algo nos tenemos que morir. Es un mantra que a veces se dirá con miedo, o con orgullo, con valor o resignación, pero, al final siempre será un buen mantra.

No sabemos que nos traerán las consecuencias de cada una de nuestras acciones, nunca se sabe, Wyrd biđ ful aræd. Siendo así, sabiendo que hasta el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones, me pregunto y les pregunto a ustedes ¿por qué tenemos que esperar tanto? ¿por qué el hombre se resiste tanto a lo inevitable sabiendo que “de algo nos tenemos que morir”?

Ahora bien, no estoy haciendo apología al suicidio, o declarando que se debe vivir una vida sin metas ni propósitos. Especialmente porque una vida sin éstas últimas dos debe ser particularmente triste; no importa cuales sean hay que tenerlas, bienes materiales, iluminación espiritual, una vida de servicio a los demás, lo que sea. En lo personal, mis metas y propósitos, que a muchas veces publicitados, siempre han sido claros anhelos; solo una vez, por amor, elegí un camino diferente (y por amor lo volvería a hacer). Aquello no pelechó, supongo que fue Kismet, porque el destino inalterable no es solo la muerte, aunque he de confesar que, si bien de amor nadie se ha muerto, sería un noble deceso fallecer de amor o por amor, sobre todo considerando que de algo nos tenemos que morir. 
Respecto de la anécdota que anterior, seguramente o levantará muchas opiniones, alusiones y hasta algunas rabietas. Si algo tienen que decir, los leeré.

Otros dirán, en referencia al centro de este texto que la sabiduría popular le ha dado sus refranes nacionales en dichos como “al que nació pa tamal, del cielo le caen las hojas”, “a toda puta le llega su botellazo”, o “lo que es para uno… no se desvía ni queriendo”. Todo ello lo acomodo en la frase sajona Wyrd biđ ful aræd. Y aun, sin poder escrutar los acontecimientos futuros, sabedores de que el destino es tan inclemente como el pasado, se le debe esperar con ansias, con la misma ilusión con que se compra la lotería.


Realmente no quiero extenderme más, esta es una simple reflexión/confesión de consideración personal que daría mucho de qué escribir,  pero no quiero fatigarles mis lectores. Solo les dejo el mantra para el miedo, para la angustia, cuando tengan que enfrentar lo inevitable, o cuando se les escape su frágil ilusión del control, recuerden a diario que… de algo nos tenemos que morir.

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miércoles, 4 de marzo de 2020

Esperanza

Duré varios días gestando este escrito y me salió algo que considero bonito. Podrá parecer un textículo de auto-ayuda, y tal vez hasta lo sea, pero igual... Todos necesitamos algo de...

ESPERANZA

Cuenta la leyenda que cuando Pandora abrió la caja (o ánfora), de ella escaparon todos los grandes males que aquejan a la humanidad, bien sea en su fuero interno, como en su entorno natural, la cosa es que agazapada en lo profundo del recipiente quedó la esperanza.
Esta es la versión griega de la expulsión del paraíso, y aunque, como en otras tantas culturas, viene siendo una historia bastante misógina por decir lo menos, tiene fallas aún mayores.

Se dijo pues que el fondo, débil y sin aliento, quedó la esperanza en la dulce forma de un pajarillo desplumado. Tal avechucho fue contenido y no pudo escapar de la caja, al menos, eso dijo Pandora a los demás mortales.
No obstante, la leyenda ha sido mal contada desde que el tiempo es tiempo.

Si bien es cierto que el ánfora del cuento se abrió, no fue de manera voluntaria, lo primero que hay que aclarar es que se rompió junto con otras tres materas en la mitad de un trasteo y por culpa de los coteros que, teniendo las manos ocupadas, se pusieron a tomar vino.

Lo segundo y más importante, es que la esperanza no era ningún animalito desplumado, todo lo contrario ¡era el elemento más poderoso que había en vasija! Realmente, la segunda fuerza del universo. Los males todos juntos, estaban allí apresados solo para poder contener (y a duras penas) la inmortal naturaleza del Fénix. Oh si, el Fénix.

Y es que tiene sentido, un ave inmortal que nace de sus propias cenizas, brilla con intensidad astral, está hecho de fuego puro, se reinventa en cada muerte, es una de las tantas materializaciones de la idea del amanecer, la promesa de una mejora, el anuncio de un nuevo día.

Entre los más de 6 mil millones de habitantes que hay en la tierra… ¡cuán pocos son aquellos que pierden por completo la esperanza! Incluso entre tantos males; aun con una humanidad tan podrida.

Muy pocas veces la Esperanza muere realmente, para ser olvidada y no volver jamás. Para ello además es necesario que en un solo humano confluya la materialización de lo que este considere “todos sus males”, de lo contrario seguirá peleando, batallando como gato panza arriba para volver a salir a flote (que paradójico que “se salga a flote peleando como gato” lo sé).

La esperanza y el amor son lo que más nos mueve, en muchas ocasiones es la misma esperanza del amor o por el amor, bien sea de amores idos cuyo regreso anhelamos, o de amores nuevos que ansiamos ver llegar.
En conclusión, la esperanza es nuestro eterno ánimo de lucha, el ansia de dar a cada día la batalla hasta que en un suspiro final nos derroten los males o nos ganen el tiempo y la vida.

Me despido pidiéndoles que nunca dejen morir sus fénix, que no se rindan y que aguanten, que de alguna manera sepan que siempre HAY ESPERANZA, y les confieso, que sí, aunque muchas veces la he visto agonizando en el rincón oscuro del corazón, la mente y el cuarto, a pesar de la oscuridad de mis días, siempre la he visto renacer, bien sea por mí mismo, o porque poco antes del amanecer un angelito guardián en forma de familiar, novia, o amigo me ha ayudado. Incluso hoy, con tanto perdido, con tanto en contra, y todo lo fallido, el Fénix nace de sus cenizas, pero todavía está desplumado y descolorido.

*nota del autor: me encantaría saber quienes son mis lectores en Irlanda.

martes, 18 de febrero de 2020

Sentimiento Enquistado

Este texto lo escribí hace algunos días ya, me pareció propicio publicarlo hoy, que tengo tanta cosa enquistada...

Sentimiento Enquistado

En la vida se atoran palabras,
se enquistan las confesiones,
se van lejos los dolores,
se arraigan los amores.

Reculando en la garganta,
desconfiando de ser dichas,
trancadas están dos palabras,
lapidadas entre el gozo
y la eventual desdicha.

Por eso se congeló un “te amo”,
fuerte, potente, sincero;
creyose precozmente nacido,
se auto relegó a ser omitido.

Silenciado por prematuro,
pero siempre ha de ser sentido,
nació y vive por ella,
cuando se creyó por siempre perdido.

Pero con fuerza ha sido dicho
Así saliera asustado,
sin saber muy bien que hacer
pues no puede ser guardado.

Y como ya tiene voz propia,
tampoco ha de ser callado,
por eso todos los días
he de mostrarte cuanto TE AMO.

miércoles, 14 de agosto de 2019

Las Cosas que se Van


Mis estimados lectores, como no tenía mas escritos preparados y pulidos, las publicaciones que se vienen en lo que resta del año posiblemente no tengan la periodicidad semanal. 

Por otro lado, aquí les comparto el primero de los textos mas recientes, debo de confesar que aun cuando es un texto muy gris, por decirlo con delicadeza, me gustó mucho el resultado, tal vez por ser una forma de exorcizar amarguras. Espero de todo corazón que les guste. 

Las Cosas que se Van

Se fue el caballo, 
se fue el camello;
la moto, días después,
salió por el mismo hueco.

También arrancó amor,
fuera fugaz o longevo,
a través del portón
se largó por embeleco.

Se han ido los sueños,
los propósitos, el dinero;
eventualmente se va todo,
solo se quedan los miedos.

Se van los vivos,
se van los muertos;
en los segunderos corceles,
tendido al galope
se marcha el tiempo.

En el río de la vida,
caudaloso y turbulento,
navegó la tranquilidad
para convertirse en recuerdo.

La memoria también se va,
dejando el pedazo muerto,
de lo que era un todo,
de lo que fue tan perfecto.

Se han ido tantas cosas, 
que enumerarlas no puedo. 
Falta pasto a la esperanza, 
vive de paja el recuerdo.

Se va la vida viviendo,
se va queriendo vivirla,
todo va yendo a su antojo,
todo se marcha con prisa.

Se van las olas del mar,
y apenas si fueron vistas;
se van los versos de amores
a dar serenatas perdidas.

Se están yendo las ganas,
Porque nacen con agonías,
Dejando tirado el trabajo…
¡que ganas tan mal paridas!

Irán, van, o se fueron
todas las cosas del mundo,
en la vida nada es eterno,
queda en la garganta el nudo.

Queda siempre el hombre solo,
la peladez y el encierro,
pero no todo es malo,
la familia ama y da consuelo;

Un abrazo y un beso enormes
para los que me quedan,
incondicionales motores
en los vientos de tormenta.