miércoles, 29 de mayo de 2019

Caperucita Cazadora


El frío se quedó en el umbral de la ventana, muerto del susto por el calor que ella irradiaba aquella noche, cuando Caperucita rodeó al lobo con sus perfectas piernas y a mano limpia lo sometió.

Nadie podía prever el fragor que ocultaba esa inocente cara. ¡Lobo pendejo! no entendió a tiempo quien era realmente la presa, y quien la verdadera fiera; hipnotizado por sus besos y ese criminal cuerpo, a sus ojos se les escapó que en el lugar donde debía tener el corazón solo había un hondo hueco negro ¡lobo cegatón! ¡Disque tenía ojos grandes para verla mejor!
Caperucita se cenó al lobo una vez, y luego otra; una y mil veces se lo comió, luego le despegó la piel de los roídos huesos y se tapó la desnudez con aquel pellejo.

Al final del cuento la piel del animal terminó en la sala, convertida en tapete, y la cabezota adornando la chimenea de la cazadora bestial; mientras que los huesos deambulan, sin cabeza y despellejados, seguros de que el precio pagado es bajo al recordar tantos besos cargados de pasión. e Y de tarde en tarde cuando se acuerda de ella, el descabezado lobo tranquilo piensa:
-Que mi piel limpie sus pies, vale la pena el recuerdo, aunque dicha tarde jamás se repitiera.

Su sonrisa lo acompaña, sus pestañas le amortiguan las caídas, sus labios dulces le encantan; él esqueleto, cadáver ambulante de alguien (o algo) que alguna vez fué, la recuerda todavía.

En donde quiera que ella esté, el sentir del lobo la acompaña, queriendo vivirlo todo, pero esta vez, desde la tarde hasta la mañana.

miércoles, 22 de mayo de 2019

Inagotable Ausencia

Hoy tenía pensado publicar un mini cuento, sin embargo (y gracias a la apreciación hecha por el maestro Julián González) he de publicar el siguiente poema, dejando el cuento para la semana entrante.

Inagotable Ausencia

De inagotable ausencia,
entre sombras no extinguidas,
pasan los inmisericordes días
negándome su presencia.

Oscuras como el recuerdo
son las noches que vivo,
tan frías como ella,
que me relegó al olvido.

Convertida ya en fantasma,
en anhelo recalentado,
luz de mi vida pasada,
y de errores lamentados.

Hay momentos que la lloro
otros tantos la maldigo;
en secreto es un tesoro
aunque hoy no esté conmigo.

¿Estará leyendo estas líneas?
¿Qué pensará de ellas?
Preguntas tan poco útiles
como en burdel las doncellas.

Yo la sigo extrañando
tal vez sin razón alguna.
El amor, del corazón es cuna;
y el inmisericorde olvido...
en vida es muerte y sepultura.

Inútil, como el recuerdo,
es pretender olvidarla.
Y al leer mi sentimiento...
tal vez sonría ¡macabra!

Pero todavía la espero,
a ella y su amor marchito.
Mientras tenga esperanza no muero,
el final aún no ha sido escrito.

miércoles, 15 de mayo de 2019

La Montaña

Bosques de Besos y La Montaña se parecen, esto es porque los bosques están en la montaña, la montaña está colmada de bosques... Porque se hace uno el recuerdo con la ilusión de lo que pudo haber sido.


La Montaña

Al fondo brilla el rio cual hilo de plata, serpenteando por el valle de los recuerdos, bajando caudaloso desde el páramo del tiempo hasta llegar al sitio dónde quedó la infancia; ese lugar encantado al que llegan las cosas que no consumió el olvido, ese sitio remoto donde, por el tejer de las Nornas, fue a parar el amor fallido.

Allá, en el techo del mundo, el sol se ve más intenso, y el brillo de las estrellas siempre es mucho más bello; el recuerdo duerme arrullado por el rumor del gran rio, y se sazona con el sabor de tus besos al encontrarse con los míos.

En ese lugar que últimamente ya muy poco menciono, el refugio de la memoria, el “Coco” del olvido; allá, verdes y dorados, recuerdos y besos hacen bosques, donde el amor y el dolor tienen el mismo olor de verbena, de lo dulce, lo vivido, lo más amado, lo perdido.

Allá mis caballos, a pesar de no haber coincidido, galopan llevando a lomos: el recuerdo de tu amor, y el calor de tu cariño. En esa playa honda, donde alguna vez dio la vuelta mi mula, en esa laguna de recuerdos, en la zulia de las memorias; en ese lugar remoto, todas las noches, sin falta, tu amor con el mío se encuentra, allí viaja mi memoria, desahuciada de olvido.

En esos escabrosos caminos, donde un grito de “¡ANIMELO!” me preparó, sin saberlo, para los ratos más sufridos; acullá, en las mañanas me envía el frío capitalino, me devuelve a tu recuerdo y a lo que he amado desde que era niño. En esa montaña remota se devuelve el viento, ya cansado de tanto andar; de donde “El Putas” no pudo llevarme, pues no fue capaz de llegar; en ese sitio remoto el Diablo se convirtió en santo, ya fuera por el cansancio del viaje o por el miedo que le daban los hombres

Ahí guardo a buen recaudo tu amor para que nadie lo toque, y no poder olvidarlo entre el licor y el derroche. En la Montaña de la infancia, la cordillera del corazón, de ranchos chicos y bosques enormes, de caminos  escarpados que me enseñaron el oficio de ser hombre; en la tierra más salvaje, de guatines ariscos, de tigres feroces, mulas pajareras, caballos briosos y recuerdos gratos que llevan tu nombre. Eludida siempre por el citadino olvido, en la montaña siempre te veo, sentada a lomos de mi caballo, del alazán o del zaino, rodeada por mis amores, por lo que me es más sagrado, por los recuerdos mas queridos.

miércoles, 8 de mayo de 2019

Vecina de una Noche


Todos nos hemos quedado presos en unos ojos, por un instante, por una vida, por media hora; todos hemos sentido el deseo de decirle a alguien, que a duras penas conocemos, una chorrera de cosas que nunca decimos, que nos guardamos por múltiples razones. Este escrito es precisamente una exteriorización de una de esas veces en las que de chorro, sin motivo, y por simple ilusión, conexión o deseo, se quieren decir pero por prudencia, respeto o miedo se callan. Que lo disfruten.

Me perdonan la métrica y la arritmia, pero pocas veces me propongo a hacer versos que no son deplorablemente tristes.
Igualmente me perdonarán mis lectores si al escrito le falta “madurez”, está muy recién nacido, pero quise publicarlo para variar un poco los textos tristes que he sacado en los últimos días y por si lo llegase a leer la eventual vecina.

Vecina de Anoche.

En la noche concurrente
muy tarde vi yo tus ojos,
Tan dulces y deslumbrantes,
sin rencores, sin enojos.

Luceros que deambulantes,
deseosos de alguien más.
Y los propios anhelantes
de ser tuyos, de nadie más.

Antojo obvio y ajeno,
aumentó al sol del día
Dime sincera de lleno
¿Que te enamoraría?

Vecina de una noche
colega de aficiones,
cuéntame como hiciste
pa despertar mis pasiones.

Acompañante secular
ojos valientes y tiernos
me miras y yo me siento
dueño del mundo entero.

Vecina de esta noche
sonrisa cautivadora.
estarás en mi recuerdo
esta noche y muchas otras.

miércoles, 1 de mayo de 2019

Bosques de Besos


Me acordé de ti, o tal vez nunca te he olvidao. De pronto, en los ratos grises, me he sentido cansao; hastiado de tanto verte nacer, o morir de tanto en tanto, pues como dijo Manuel “nacemos y morimos a cada rato”. Me acuerdo siempre de ti, con ese escote esperanza, del brillo de tus ojos, y de un atardecer que, encaprichado contigo, de tu pelo nunca se fue.
  
Me acordé de ti, o tal vez nunca te he olvidao, pues se me pierde el olvido, y vuelvo a recordarte, añejándome los besos que están en ninguna parte, echando semillas nuevas, no paran de retoñar; y me olvido de olvidarte cuando veo los nuevos brotes, hijuelos de besos formando bosques que a lo peor nunca podré darte. Verdes como tu blusa, les limpio todo el rastrojo, que no es más cosa que el enojo de no saber conservarte.

Me acordé de ti, o tal vez nunca te he olvidao. Madre del amor ido, de lo que pudo ser y no quiso ¿será que nació cansao? ¿O le dio miedo ser vivido? Y el olvido también se acuerda de aquella voz tan única, de tu sonrisa salvaje, tan brillante, y homicida, que al verla se espanta la muerte, huyendo despavorida.

Tal vez ya nunca te olvide, eres raíz del recuerdo, lamento callado tu ausencia, odiándome por ser tan lerdo. De pronto a última hora, el recuerdo se haga presencia, y de verde, como esa tarde, vengas a cerrar tu ausencia, a vivir todos los días, cansada también de nacer, o morirte a cada rato.


jueves, 25 de abril de 2019

Aunque no Quisiera Hacerlo


De tan larga espera
solo quedó el vacío,
llenando, a su manera,
al corazón con hastío

Se aburrió, muy lentamente,
y te relegó al olvido;
te remplazó amargamente
pues tu amor ha concluido.

Te extrañó ¡tan fuertemente!
qué perdonó tu afonía,
calló también amargamente
de tu marcha la agonía.

Se secó el amor divino
astragado por tu ausencia,
maldito corazón mezquino
tan carente de inocencia.

Por lo mismo adiós te digo
aunque no quisiera hacerlo;
si tuve tu amor conmigo…
al final me tocó perderlo.


miércoles, 17 de abril de 2019

ADIOS AMIGO AMADO

Un escrito hecho a un amigo cuya lealtad y afecto, por asuntos personales y ajenos a mi voluntad, nunca pude despedir de la forma en que hubiera querido. Adiós mi viejo del alma.


Tenía nombre de tango
tuvo carácter de fuego,
un pasado muy amargo,
y fue pobre de abolengo.

Fue mi amigo aguardientero,
caballo brioso y muy guache;
de parrandas compañero,
Que se llamó CAMBALACHE

Incomprendidos los dos,
apoyo y fuerza nos dimos;
hermanos en pasos malos,
siempre juntos aprendimos.

Pocas cosas lo asustaron,
nunca gustó de la fusta,
y bajo tierra quedaron
el brío y el alma adusta.

Ahora al cielo se ha ido
mi amado negro del alma;
mi amigo tan mal querido
descansa ya en plena calma.

Y se murió porque tuvo,
dejándome un gran vació.
Mejor que él nunca hubo,
mejor no pudo haber sido.

Y de su trocha y galope
restalla solo el recuerdo,
su corazón fiero y noble
dejaron al dueño en duelo.

Perdóname el abandono
¡yo nunca quise dejarte!
la tristeza ha hecho encono
¡ya jamás volveré a montarte!

Como te extraño mi negro,
te recuerdo con dulzura;
esperame pacientemente
donde el pasto verde perdura.

Espero que esté lejano
el día de verte otra vez,
se portará bien tu amo,
pa’a tu cielo llegar después.

miércoles, 10 de abril de 2019

Stella Polar, Stella de Belén

Apreciado lector, si después de haber leído los poemas de mi papá, los escritos míos se le antojan insípidos, arritmicos, o verdosos, no lo culpo, a mi me pasa lo mismo, pero ahora llegó el momento de rendirle homenaje a alguien tan importante en mi vida como él. 

Desde el nacimiento de este espacio de inspiración y desahogo, he realizado varios escritos dedicados a mi familia, “Carta a Francisca” es tal vez el texto más leído de todos ellos y, aunque no es el único, si he de reconocer que es una de mis mejores redacciones.

También hay otros en los que manifiesto mi amor y admiración por mis padres, hermanos, cuñadas (a quienes amo y admiro tanto como a sus esposos), hasta a primos y tíos les he manifestado mi afecto. Sin embargo, siempre he pensado, pero nunca materializado (hasta hoy), el texto que a continuación entrego; y es que lo he procrastinado para una “fecha especial”, pero me di cuenta que la mejor posición en el calendario es el hoy.


Stella Polar, Stella de Belén

No en vano se llama Luz, no en vano le dicen Lucero, pues alumbra en los momentos más oscuros, es guía, siempre visible, en las noches tormentosas, es sol de madrugada, es atardecer rojo, es mi madre tan amada, es brillo amable en los ojos.

Autores, muchos, han hablado, con mayor elocuencia y atino que los míos, sobre las virtudes de las madres y su amor infinito, sin embargo ninguno de ellos tuvo mayor fortuna, pues madre solo hay una, y como la mía ninguna, pero no aspiro a igualar a los grandes en su capacidad de escritura.

Quiero resaltar la fuerza de su carácter, por eso las nubes no la opacan, por eso siempre es guía cuando las tormentas atacan, y es que hay que estar forjado del mejor acero para manejar un hogar, con un esposo medio loco, tres hijos atravesados, y el menor bastante altanero. Para conservar la compostura, la fe y la esperanza, al lidiar conmigo, mis innombrables defectos, y falta de templanza. Pocas mujeres, de todas las que en el mundo han sido, han tenido personalidad más laboriosa, entregada, diligente, y preocupada, por su familia, por su entorno.

Es abuela, amorosa como ninguna, que dicha hubiera sido, gozar de una como ella, expresiva, afectuosa, enérgica, siempre noble y paciente, también un poco indiscreta.

Perdona madre que el texto no sea mejor, y no es que la inspiración me falte, es que las palabras no alcanzan para expresar el amor, gratitud y admiración que siento. Perdona también que no haya sido más extenso, pero quiero que sepas que, cuando sea grande, quiero ser tan fuerte y sabio como tú. No en vano te llamas Luz, no en vano te dicen Lucero.

jueves, 4 de abril de 2019

ROMANCE DEL CABALLO MALHERIDO - ANTONIO MEJÍA GUTIÉRREZ

Buenas noches mis lectores, finalizando el segmento de escritos de mi papá, les comparto aquel que me escribió a mi, muy diferente a los que le anteceden, pues este romance no fue escrito en tiempos cercanos a mi llegada, a decir verdad, fue escrito cuando yo ya había alcanzado la mayoría de edad, incluso recuerdo la tarde en que mi papá me lo dejó leer, recién salido de su maquina de escribir color verde pálido marca Remington; era el poema con que cerraba su último libro de poemas, aquel que nunca conoció la imprenta.

ROMANCE DEL CABALLO MALHERIDO

A MI HIJO SIMÓN

Toro de tigre y de lanza,
lanza blanca y homicida,
tejió con furia la sangre
en la mitad de su vida.

Caballo de Picadores:
de carga mas que de silla.
Como a los perros en Misa,
lo llenan de sinsabores.

Caballo de Picadores
con una humilde divisa
de cargador sin el pasto
en una infancia dolida.

Una montura de muerte
cubrió su mirada arisca.
Sus ojos, antes tan mansos,
fueron luz enceguecida.

Tapando el sol y la arena,
ocultas manoletinas.
Ataque de sombra y luto:
la Muerte, que largo estriba.

Caballo de pica y pala,
caballo de pala y pica.
Nunca acarició sus lomos
el amor de una mantilla.

De palo y rejo era el alba,
de rejo la anochecida.
De pena y palo era el freno,
y cuernos por banderillas.

Caballo de picadores,
de llantos la sin salida.
El toro de tigre y de lanza
le dio una mala embestida.

Caballo de Picadores:
Vida Triste y Malherida.

jueves, 28 de marzo de 2019

CONVERSACIÓN CON EL SEGUNDO HIJO - ANTONIO MEJÍA GUTIÉRREZ

Como lo anuncié en la publicación de la semana pasada, este es un breve segmento con tres poemas de mi papá para sus tres hijos, hoy les comparto el segundo, dedicado a mi hermano Felipe, también fue escrito cerca a los días de su nacimiento, al menos eso tengo entendido. Es una pieza literaria bastante hermosa.

CONVERSACIÓN CON EL SEGUNDO HIJO


En tiempos muy remotos, hijo mío,
los hombres fueron tristes, desiguales.
Los menos, por ser todopoderosos.
Los más, por ser esclavos y ser frágiles
.
También, en esos tiempos ya lejanos,
era el hijo mayor más importante.
Tenía derechos sobre los segundos,
a pesar del afecto y de la sangre.

Pero llegaron los libertadores,
Espartaco y Bolívar y sus ángeles.
Y poblaron el mundo de palomas
con las alas de todas las verdades.

Después de las espadas y las plumas,
hoy nacemos, por fin, todos iguales.
Lo importante es vivir, no de primeros,
sino con toda el alma. Nunca es tarde.

Para llegar al tiempo y a la vida,
al espacio, al amor, a las bondades.
Hay lugar para todos en el mundo:
Para los cabos y los generales.

Hay lugar para el beso, para el surco.
Para el nido y la cuna, no hay edades.
No hay segundo en la paz, en la alegría.
Ni existe, en el amor, segundas partes.

El viento no conoce prelaciones,
ni sabe el padre sol de prioridades.
A todos nos alumbran y calientan
el corazón y el sol: somos iguales.

Te lo cuento, hijo mío, como hermano,
nací el sexto entre diez, si no lo sabes.
Y nunca me han faltado el sol ni el agua.
¡Y fui igual ante el pecho de mi Madre!

jueves, 21 de marzo de 2019

PALABRAS AL HIJO PARA QUE NO USE CAUCHERA - ANTONIO MEJÍA GUTIÉRREZ

Muy respetados lectores, mientras preparo y pulo los escritos que publicaré próximamente, les quiero compartir tres poemas de mi papá, aquellos que abiertamente declaró que nos escribió a sus hijos en algún momento de la vida; el primero, el cual se empezó a gestar por los mismos días que nació mi hermano mayor, es tal vez el mas famoso del segmento, y de todos los que escribió; con mucho orgullo y mucho honor les dejo...


PALABRAS AL HIJO PARA QUE NO USE CAUCHERA

Ahora estás en la cuna, mi pequeño,
pequeño compañero de la base.
Indefenso, asombrado, sorprendido,
Asustado milagro de mi sangre.

Pero un día serás ya todo un hombre,
es decir, llegarás a niño grande.
Y quiero hacerte un ruego para entonces
en nombre del pueblito de las aves.

Las manos de los hombres fueron hechas
para abrazar mujeres en la tarde.
Para pulir el barro, para el surco,
para pintar cuadernos con imágenes;
para reconocer a los amigos,
para ayudar al ciego allá en la calle.

De la naturaleza y de la vida,
los ojos son los hechos más brillantes.
No es bueno que los ojos y las manos
se apliquen en asuntos que te amarguen.
No es bueno que se extienda tu estatura
con los hilos de caucho en tus falanges.
La cauchera es traición. Es alevosa,
tiene el sigilo de los criminales.

Es una bomba atómica lanzada
sobre 1os Hiroshimas de los árboles.
Hiroshima, hijo mío, una lejana
ciudad donde murieron muchas madres,
por culpa de unos odios y una guerra
con muerte en cantidades industriales.

Los nidos son las cunas de unos niños
más pequeños que tú y tus amistades;
y el papá de esos niños, más chiquito,
y más desprotegido que tu padre.

Vinimos a este mundo para el trigo,
para aplaudir al trino y los arcángeles;
para buscar el alma en las palabras,
y para defender al que no sabe.

Nunca pongas los ojos ni las manos
en cosas que no sean muy amables.
No son para la muerte, ni la herida,
son para trabajar y enamorarse.

Por eso es por lo que te hago este ruego,
no quiero prohibirte ni alegarte.
Pero sabrás, espero, conducirte
en paz contigo mismo y con las aves.

                                                                                       Antonio Mejía Gutiérrez

domingo, 17 de marzo de 2019

Regalos

Regálame tu olvido
tan rápido, tan limpio.
Para no ver el recuerdo,
tan eterno y tan impío.

Te regalo yo mi ausencia,
inflamada y descontenta,
rellena con la querencia,
y con la esperanza muerta.

Dame de esa cobardía,
alcahueta y abusiva,
te la cambio con orgullo,
por mitad de mi valía.

También te encimo esta rabia,
cargada de tristes versos,
pero en jugada muy sabia,
no te devuelvo tus besos.

Regálame tu tristeza,
a cambio de mi alegría,
pues se fue tras tu belleza,
cuando ya no fuiste mía.

Te doy este amor profundo,
para tu corazón somero,
y también el sol de verano,
pues sin ti yo no los quiero.

Ya me diste recuerdos,
por eso no te los pido,
mas se dañaron los buenos,
¡tocó buscar el olvido!

Al final te dejo un beso,
de tantos que no te dí,
el resto quedan guardados,
pa’ que tu me los des a mí.

jueves, 4 de octubre de 2018

Don Juan de Covadonga- José Asunción Silva

Esta noche les comparto un poema que no es mio, pero por algún extraño motivo (o tal vez ni tan extraño gracias a la influencia de mi papá) es uno de mis favoritos, llevo pensando en sus lineas varios días y me pareció oportuno dejarlo aquí para el beneficio de mis lectores. Ustedes saben que no ha sido mi estilo llenar de publicaciones ajenas este espacio, pero algunas valen mucho la pena, esta es una de ellas. Espero lo disfruten.

DON JUAN DE COVADONGA

Don Juan de Covadonga, un calavera,
sin Dios, ni rey, ni ley, y cuyo hermano,
Hernando, el mayor, era,
después de haber llevado airada vida
Prior de cierto convento en Talavera;
don Juan, el poderoso, el cortesano,
grande de España, seductor de oficio,
el hombre en cuya mano
tuvo grandeza excepcional el vicio
después de amar, de odiar, de lograr todo
cuanto es posible e imposible, un día
sintió el cansancio de la vida, el lodo
de cuantos goces le ofreció la suerte,
se mezcló a su tenaz melancolía
el ansia de consuelos superiores;
pensó en Dios, pensó en Dios, pensó en la muerte,
pensó en la eternidad y desprendido
del lujo, del amor, de los honores,
escribió a la Duquesa de Vilorte
diciéndole un adiós, definitivo,
arregló todo, abandonó la Corte,
y sin un escudero, al paso vivo
de su yegua andaluza, macilento,
huyendo del pecado, fugitivo,
por ignorada vía
llegó a la portería
silenciosa y oscura del convento.

-¿Nuestro padre Prior?..., preguntó al lego,
-en oración, hermano,
-¡Por la vida!
¿Lo llamará vuesa merced?... -Ahora
es imposible, hermano... Vuelva luego;
es imposible ahora... Éxtasis santo
cuando reza lo embarga. -Mas le ruego,
yo estoy aquí perdiéndome, entre tanto,
siento la angustia del infierno, el fuego...
-Sírvase entrar al locutorio... -¡Vanos
placeres, del Señor sonó la hora!,
don Juan dijo, al entrar; -¡mundo, hasta luego!
y por fin se encontraron los hermanos...
Don Juan, perdido en crápulas y excesos,
temblándole las manos,
con el aire de un pobre arrepentido
y la boca marchita por los besos,
y Hernando, el Prior, brillándole en los ojos,
un fuego juvenil, siempre encendido,
y süaves y rojos
los labios por las santas oraciones
y el olvido del mundo y sus pasiones.
-¿Orando tú?... le dijo
don Juan, con voz monótona y cansada,
lejos de todo, en la quietud suprema
de la vida del claustro... -cuando fijo,
temblando, una mirada
en el abismo actual de mi miseria,
sueño también en el retiro... -¿Cómo,
interrumpió el Prior, -la cosa es seria?
¿Te arruinaste por fin? ¿La de Vilorte,
la archiduquesa de cabellos rubios...
La dama más airosa de la Corte,
la rival de la reina en el donaire? ...
Aún de sus besos guardas los efluvios...
¿Qué pasa por allá?... ¡Si traes un aire!
Oye, Juan, mira, hermano... Aquí en la triste
vida conventual, todo reviste
un aspecto satánico, mis horas
tienen angustias indecibles, mira,
un enjambre de formas tentadoras,
entre mi celda, por la noche, gira
y huye... De la oración con los empeños
lo disipo por fin... Ansío el oro,
suenan choques de armas en mis sueños,
flota un sabor de besos en el coro,
y es mi vida una lucha prolongada,
de rudos sacrificios,
en que domo la carne alborotada,
con ayunos y rezos y cilicios...
Y yo llegué al convento... ¡pobre loco!
Triste y arrepentido,
soñando en fin en descansar un poco,
y en ansiedades místicas perdido...
Pero, dime, ¿a qué vienes? ... -Yo, por verte,
dijo don Juan, -por verte, a toda prisa,
y por darte noticia de la muerte
de don Sancho de Téllez, tú, mi santo,
¡por su eterno descanso di una misa!

¡Y al salir por el negro camposanto,
en que el convento oscuro se prolonga,
ansiando la quietud de los que fueron,
por la primera vez se humedecieron
los ojos de don Juan de Covadonga!

JOSÉ ASUNCIÓN SILVA

jueves, 27 de septiembre de 2018

Ceguera del Alma

Se siente solitaria el alma, con tus prolongadas ausencias. Tan sola como se sentía antes de tu llegada primera.

Se siente igual que un bolero, cargada de un amor corto para un olvido tan largo.

Perdida y ayudada por un beso, ese primer beso, nocturno, juvenil, solitario.

Alma ignorante y desconcertada, sin saber bien si es su deber cargar con culpas o simplemente responsabilizar a las tejedoras por aquello que pudo haber sido y no fue, por eso que quiso siempre, en secreto, haber tenido.

Alma solitaria entre el tumulto de un recuerdo, que nació tarde, que nació viejo. Que nació atropellado y de reverso, como queriendo serlo todo en un segundo, queriendo vivirlo todo en un momento.

Buscando a tientas tu mano en la oscuridad de la noche, como lo hizo alguna vez, alguna noche. Como lo hizo otras tantas noches en que en medio de la oscuridad encontré otras manos, pero ya nunca más la tuya, blanca, cómoda, elusiva.


A tientas, siempre a tientas buscando, pues el sol y la luna ya no brillan. No brillan porque les falta, la luz de tu sonrisa.

miércoles, 1 de agosto de 2018

Querencia Sin Palabras

Te anhelo mi dulce recuerdo.
La hija de un alba soleada.
Una querencia sin palabras,
Una ilusión olvidada.

Te anhelo en silencio marchito.
Desde una lejana mañana,
El sol resentía la luz de tu brillo
Y yo deseaba ser tu cigarrillo.

Te anhelo sin conocerte
Solo por tu radiante sonrisa,
La que, sin saber, iluminó mis días
Con tu pelo movido por la suave brisa.

Te anhelo sin verte a menudo
Y despierto pensando en tu rostro,
¿Qué más podría esperarse
De quien siempre ha estado loco?

Te anhelo tanto por ratos
Que escribo versos sin querer.
Recostados en el deseo
De pronto volverte a ver.

Te anhelo siempre en secreto
A ti o tu cuerpo grandioso
De tanto anhelo guardado
¿Saldrá un amor poderoso?

Te anhelo por mucho tiempo
¿Por cuánto más te desearé?
Tal vez por el mismo lapso
Que este secreto guardé.

Y Te anhelo en la esperanza
De un incierto porvenir
Al camino que Dios nos lanza…

¿será para vernos unir?

domingo, 27 de mayo de 2018

Opinion

Hace algún tiempo aspiré por primera vez a un cargo como servidor público, las cosas en esa época (y hoy para fortuna mía) no se dieron, sin embargo recibí varias recomendaciones que he decidido aplicar desde entonces, una de ellas fue que, mientras ejerciera un cargo al servicio de la ciudadanía, me abstuviera de hacer manifestaciones que versaran sobre mis opiniones políticas, sobre todo por motivos de sentido práctico.

Desde ese entonces he meditado mucho sobre el tema, y he decidido acoger dicha recomendación, aunque por motivos diferentes a los que me fueron esgrimidos cuando me fue planteada.

Los servidores públicos estamos al servicio del estado, y por ende de todos los residentes y turistas que se encuentren en nuestra nación, no debemos generar juicios de valor referentes a la dirección que lleva o debe llevar el pais, debemos es servirle a la comunidad, y ello se logra realizando con juicio y a conciencia la labor para la que fuimos posesionados, esforzarnos por hacer pais desde nuestro lugar de trabajo, si consideramos que nuestro pais necesita un cambio o mejora en sus dirigentes, para ello tenemos la libertad de voto, así como el derecho y el deber de ejercer este principal mecanismo democrático.

Pero, a menos que nuestro cargo sea de elección popular, debemos mantenernos aislados del debate partidista, pues representamos a las entidades a las que pertenecemos y, para mantener limpio el nombre de las instituciones a través de las cuales servimos, es menester mostrarse neutrales en estas pugnas, ejercer el sufragio a conciencia, y guardarnos de cualquier relación que pueda afectar la apreciación que la comunidad tiene, de lo contrario, no solo comprometeríamos nuestra propia percepción política, sino la imagen y funcionalidad de nuestro lugar de trabajo, generando con ello que la comunidad desconfíe aun mas de nuestra gestión y de la imparcialidad que deben mantener las entidades regentes del estado en su división tripartita.

Un abrazo para todos, y no dejen de votar.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Radiografía

Ingenuamente pensé que ya me había desecho de todo mi entripado, pero algo me compele a escribir esta radiografía, sin saber siquiera cual es el propósito, posiblemente es solo por intentar un poco de escritura aleatoria, tal y como me lo recomendó mi adorada Isabel Echeverri hace una par de horas.

Y lo digo así, porque mientras rayaba en mi agenda, comprada hace cinco años y medio en el zoológico de Cali, en la cual se encuentran una gran parte de mis paupérrimos manuscritos y que ha sufrido todos los vejámenes y forcejeos internos que me han llegado a atacar, faltándole incluso ya algunas hojas que con precisión quirúrgica le he arrebatado usando el filo de mi navaja Andújar de acero toledano comprada en chile; uno tenía ni idea de lo que iba a decir, es mas, a estas alturas no tengo clara la estructura del texto, solo que debo eliminar algunos apartes del texto original. Todos datos curiosos pero totalmente irrelevantes, así como muchas veces se siente el autor de este texto, curioso, pero irrelevante.

Hace alguno días publiqué “Trabajando con Fantasmas”, un cuento que redacté habiendo alusión a mis espectros internos y a la fascinación que me produce mi trabajo cuando me absorbe tanto que durante algunas horas me logro olvidar de las voces en mi cabeza. Confieso que durante un par de semanas me sentí un poco más liviano, sobre todo porque en dicho escrito hablé de cosas que pocas veces me he atrevido a decirle a cualquier otro mortal, cosas que incluso no he compartido abiertamente con mi familia, terapeuta o pareja de turno, tal vez por ello es que al final, de una u otra forma, he terminado fracasando en esos ámbitos.

Ahora bien, los espectros de ese momento pudieron haber desaparecido temporalmente, pero citando al legendario cantante, a “la reina del rock”, Belcebú tiene un demonio apartado para mí, y ese hijodesupinkfloyd, se encarga de revivir los fantasmas que con tanto trabajo logro exorcizar de mi torre llena de telarañas y del eco de viejos reproches.

Con lamentable frecuencia he cometido los mismos errores, que hieren siempre a las mismas personas, a aquellas que yo más quiero y que saben que daría la vida por ellos. ¿los he cometido por bruto? ¿Porque no confío plenamente en ellos? O ¿Por qué temo que vean algo inaceptable en mí que no vale ni merece el amor? Tal vez ¿un poco de todo lo anterior? Francamente, no tengo puta idea, y si acaso la tengo, no he identificado correctamente la respuesta, en cuanto a los errores, de ellos solo diré, que no son de su incumbencia querido lector.

De otro lado, hace días que tengo en la cabeza pegados tres tangos que, fusionándolos, fácilmente podrían explicar un pequeñísimo pedazo de la montaña rusa de pensamientos que es mi cabeza, ellos son: me da pena confesarlo, solo se quiere una vez, y las 40, los dos primeros de Gardel, del último, prefiero la versión de Edmundo Rivero.

Avanzando un poco más, he descubierto que me he gastado una considerable porción de mi existencia buscando los pedazos de lo que alguna vez fui (como dice la canción de Estopa) sin tener éxito en encontrarlo, debe ser porque lo que busco realmente nunca lo tuve, o se perdió hace mucho tiempo, tal vez antes que la cajita de Miguel y el folder de Felipe (que en ese orden desaparecieron),  ya ni si quiera recuerdo que es, es posible que sea algo que se ahogó en el fondo de La Laguna, o se extravió en un cafetal para que lo encontrase un chapolero afortunado que lo necesitaba más que yo.

Si con objetividad pienso en lo que hoy soy, y lo comparo con lo que fui hace algún tiempo, con seguridad que no regreso, tal vez rescataría de ese Simón, ya perdido en los entresijos del tiempo, un poco de la rabia que a veces me impulsaba a avanzar sin sentir miedo, pero solo lo necesario, y cargaría todo el importaculismo que me encontrara en el camino para que en el morral de mi cabeza no quedara espacio para seguir cargando con el peso que los errores ya cometidos (y que no pueden ser remediados) ejercen sobre mi conciencia impidiéndome levantar la cabeza y apreciar plenamente el presente venturoso que me acompaña, pero nuevamente, el único responsable de todo ello soy yo.

He de confesar abiertamente que no he sido buen hijo, buen hermano, buen amigo ni buen novio, en conclusión, no he sido buena persona. Si he sido bastante resistente, y quienes mejor me conocen saben que es cierto y saben a qué me refiero, aunque esa cualidad se la atribuyo a mis amados progenitores y a mis hermanos, que fueron quienes me criaron, así como a la genética, pues nadie más resistentes que mis papás y sus respectivas familias.

Pido perdón públicamente y de todo corazón a mi mamá, hermanos, amigos y exnovia, por no ser mejor de lo que he sido, pero fui lo que les tocó en el sorteo; si por azar o por carácter este escrito les ha sacado la piedra, también les pido perdón por ello.

Soy buen trabajador, madrugador honesto, esforzado y honrado, ello también se lo debo a mis papás y hermanos que a diario durante 32 años y 7 meses me han dado ejemplo constante. Romántico, enamorado, soñador, y bastante emocional, pero eso ya lo saben ustedes, los que me leen, y también soy el putas para hablar de cosas que no tienen mayor trascendencia, tengo muy buena suerte, y facilidad para escribir, así como un amor desmedido por mi caballo.

Para finalizar, no soy una persona de constancia en mis expresiones de afecto, si por algún motivo a usted le busco con obstinación inusitada, créame que es porque le llevo demasiado dentro del corazón y la cabeza para relegarle al olvido.

Si quien está leyendo esto es parte de mi familia inmediata incluyendo a mis "hermanas políticas" sepa bien que, pese a mi infinito mar de defectos, le amo más allá de lo que las palabras pueden expresar.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

El Regalo de Prometeo

Un poema que escribí hace algún tiempo

El Regalo de Prometeo

Atormentado escribo esto, 
No por tristeza o soledad,
Me perturba es el silencio
Que me obliga la caballerosidad,

No me esfuerzo en hacer versos
Que limiten la expresión,
Es un crimen reducir a silabas
Su desbordada pasión.

Que larga fue la espera
Sin saber que la esperaba,
Y es una amarga condena 
Volver a estar sin nada.

Es dulzura y atención,
Es sexo desmesurado.
Pelo negro y ojos claros,
Es la emisaria del diablo.

Inteligente y apasionada,
El regalo de Prometeo,
Mujer de mundo, paz y guerra
Tener su amor fue mi sueño.

Sonríe e ilumina al mundo,
Al desnudarse eclipsa al sol.
Hechicera del tiempo, Bruja en vida,
Alma de diabla y sonrisa de dios.

¿Puede alguien rechazar su piel suave?
¿Ignorar su cuello sensible?
¿Olvidar su alma indomable?
¿Maltratar su mente terrible?

Es imposible ser coherente,
No es mujer para definir,
Solo un deseo me atañe
Pues la quiero para mí.

Los simples versos la limitan,
Más en el primer bosquejo,
De todo lo que mi alma grita,
No hay un idóneo espejo.

La pienso y quiero quererla,
Abrazarla y protegerla,
Quiero también desnudarla,
La noche entera “poseerla”


La pienso y me hago cursi,
Romántico e inseguro
A la vez me vuelvo guerrero,
Más temible que el dios Neptuno.

Le escribo versos malos
Porque nubla mi cordura
Escribo lo que de ella pienso
Sin saber si el romance perdura.


miércoles, 15 de noviembre de 2017

Tardes y Noches Negras

Sin mayor introducción, para ella, y lo poco que no le he dicho.

Tardes y Noches Negras

Te extraño en mis noches negras,
Extraño tu cuerpo y tu abrazo.
Añorando las cosas buenas,
Lejanas en tiempo y espacio.

Te extraño porque te has ido
En momento muy temprano.
Hoy anhelo el llamado olvido
Que mata el recuerdo cercano.

Te extraño todos los días,
Sollozo tu nombre en secreto,
Recordando las horas idas,
Y amando un amor tan muerto.

Te extraño en mis tardes negras
De viernes y lunes macabros,
De sábados con coperas,
En cantinas y oscuros antros.

Te extraño todas las noches,
Cuando me pierdo con mi caballo,
Y me matan los reproches
Que me dan lo mucho que callo.

Hombre y caballo te extrañan
Por amor o por capricho.
Sabrá Dios que locura entraña
Lo poco que no te he dicho.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Palabras Mudas

Con la fría calma que precede la tormenta dio la última calada a su cigarrillo, larga y profunda como su amor, lenta y tranquila como el rumiar de las vacas, soltó el aire, casi que con nostalgia por el humo que abandonaba sus pulmones, aplastó le colilla con la suela de su bota, apretó las correas de la montura, se ajustó bien el sombrero, y saltó sobre el lomo de su alazán con inusitada agilidad para alguien tan corpulento.

Mientras avanzaba lentamente revisó las municiones de su Winchester 1873, una reliquia que encontró olvidada en el zarzo de una casa en demolición, solo tenía siete balas calibre .44 y la recamara vacía, tendría que hacer valer cada tiro si quería sobrevivir. Verificó el filo de su cuchillo por si lo llegaba a necesitar, y amarró el zurriago del chacho de la silla, asegurándolo con la parte interna de su pierna derecha. 

A paso regular y calculado continuó su andar por entre los frondosos matorrales que rodeaban la vieja iglesia, ubicada en la mitad de la nada, el lugar perfecto para su rival quien, a razón de sus delitos, debía permanecer alejado de cualquier sitio que ostentara la más mínima concurrencia.

Desde lejos pudo observar que la misa ya había iniciado, su cálculo era perfecto, una vez empezara la acometida nadie podría escapar. Ahora solo faltaban los hechos,  –La parte fácil-, pensó con amargura. Acarició las crines de oro de su caballo, le palmeó el cuello con sobrado afecto, desenfundó la escopeta y montó el primer tiro, se ubicó a unos 300 metros del lado derecho de la edificación que pretendía tomar por asalto, teniendo sumo cuidado en no anunciar su llegada anticipadamente a los hombres que con celo cuidaban la entrada del atestado recinto.

Una vez estuvo en el lugar que consideró más apropiado salió de entre los matorrales como un espectro, soltó las riendas, tomó la escopeta con ambas manos apuntándola al menos lejano de los vigilantes, oró con toda la fe que le quedaba, pidiendo al cielo perdón y ayuda en esta su hora, que podría ser la última, y con un leve movimiento de talones le indicó a su cabalgadura que el momento había llegado.

El magnífico alazán, tan entendido, tan acostumbrado desde antes de que el tiempo fuera tiempo a entender los caprichos del jinete, se lanzó a la carrera como si fuera el viento hecho caballo, cubriendo como una exhalación la distancia que los separaba del objetivo, sin que retumbar de sus cascos se oyeran en lo más mínimo, mientras el jinete tranquilamente apuntaba a al primer contrincante quien, al igual que sus compañeros, pensaba inocentemente que el peligro vendría de frente y por la carretera. 

Con el alma triste por las muertes que adelante le esperaban, pero convencido de su necesidad, el jinete apretó el dedo índice y sonó un fogonazo, inmediatamente el primer hombre cayó sin saber si quiera de donde le había llegado la muerte. ¡PUM! Otro disparo certero sucedido inmediatamente por el segundo cuerpo inerte, pero los tres hombres restantes ya tenían las armas empuñadas y empezaron la reciprocidad en atenciones.

El caballo comenzó a zigzaguear sin perder su avance para no ser un blanco tan sencillo, mientras el jinete mantenía con pericia el equilibrio y aflojó un tercer balazo que alcanzó su objetivo, pero no lo hirió fatalmente. –Ya lo remataré-, pensó mientras soltaba la cuarta bala y otro difunto se sumaba a su prontuario. 

El quinto hombre era demasiado menudo, demasiado rápido, dos balas del Winchester le pasaron zumbando sin rozarlo siquiera y, cuando la tercera le dio en la frente, cayó dando un último disparo que se alojó en la pierna del atacante. Guardó la escopeta, ya sin municiones, en su funda y recuperó las riendas del caballo, paso a paso se acercó al pórtico de la iglesia deteniendo al equino junto al cuerpo del hombre que aún estaba con vida, templó entonces un poco la rienda mientras le hincaba los talones al caballo haciéndolo encabritar, aplastando así el cráneo del caído cuando las patas del animal tocaron tierra. 

Entró en la iglesia sin bajar del caballo, abriéndose paso a la mala entre todo aquel que se quiso interponer entre él y su objetivo, quitándolos del medio ya fuera de un garrotazo con el zurriago de madera de caragualo, o con el poderoso pecho del caballo. 

Al fondo de la nave principal de la iglesia, parada junto al altar, se encontraba ella, vestida de blanco, tan radiante, tan hermosa, más inocente que un niño, más astuta que cualquier zorro, mirándole acercarse con los ojos brillantes, llenos de amor y de dudas. Un lujurioso calor la invadió en un principio, al verlo tan osado, tan valiente, magnifico y terrible enfrentando la muerte con su gabardina oscura, sus ropas azules y el sombrero blanco, montado en su envidiable caballo todo aperado de un negro impecable. Sin embargo, mientras él se acercaba, ella no se movió, pues entre menos distancia había entre ellos, la mujer más se percataba de lo raída y vieja que el hombre traía la ropa y cuan percudido estaba su sombrero blanco. 

Cuando el jinete estuvo frente a ella, le tendió una mano, sin mediar palabra pero con dulce mirada como queriendo decir -¿nos vamos?-. Ella intentó avanzar, pero inmediatamente se detuvo y miró a su futuro esposo, quien carente de toda gracia física, y de emoción alguna, se encontraba impasible junto a ella, imperturbable, realizando las habituales sumas y restas mentales, sin dar la menor muestra de alteración, preocupación, tristeza, amor, o importancia a nada, un hombre feo y vacío con los bolsillos llenos de dinero, impecablemente vestido para la ocasión, un tipo que claramente la ignoraría a diario pero podría seguir brindándole a ella el estilo de vida al que estaba acostumbrada desde la cuna, y así, sin mediar palabra, se quedó dónde estaba y tomó de la mano al que estaba junto a ella, mirando con profunda tristeza al jinete como quien dice –Aquí me quedo, perdiste el viaje-.

El hombre sonrió con amargura y dio media vuelta, saliendo de la iglesia con la misma lentitud y seguridad con la que había entrado, la espalda recta, las piernas firmes, el culo asentado y sin una sola lagrima o contracción que delatara su dolor, de alguna manera se marchaba tranquilo, pues aunque lo había perdido todo, aún no había nacido quien se atreviera a arrebatarle su montura y su caballo. Junto al altar, la dama de blanco contenía la lágrima más amarga, ella también sabía que estaba cometiendo un error.


FIN

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Eterno Debate

Entre la tranquilidad y el llanto, agradeciendo lo que tengo y añorando lo que tuve, pensando en lo que perdí, repitiendo mentalmente las duras palabras de la mamá de Boabdil.
Entre la tranquilidad y el llanto del por mayor y el por cuanto de lo que alguna vez tuve, de lo que alguna vez fui.
Entre la tranquilidad y el llanto de la ciudad codiciosa y la montaña contagiosa, queriendo sumar lo que se ha ido a aquello que conseguí.
Entre la tranquilidad y el llanto de la silla caliente y la cama vacía, alentado en la soledad pero queriendo encontrar tu mirada con la mía.

Entre la tranquilidad y el llanto mostrando una sonrisa fría y conteniendo amargamente las lágrimas saladísimas, porque el tiempo lleva prisa y no perdona la brisa de la soledad ni del triunfo.
Y es que en esas vive el hombre, entre tranquilo y llorando, entre feliz y enojado porque la vida no para, porque de noche no puede sacar de tajo lo que por golpe entró una mañana, porque el secreto lo asola, porque nunca llega la hora de sentirse liberado, porque por cada tranquilidad hay un sueño fusilado, porque teme perder hoy mismo aquello que aún le resta y también lo que le ha llegado trepando la dura cuesta.

Entre la tranquilidad y el llanto por aquello que nunca ha sido, por el lugar en que está y por lo que ya ha perdido.
Entre la tranquilidad y el llanto de la solvencia sufrida y la ilusión descolorida, peleando contra su sombra, anhelando lo perdido, dando paso al sufrimiento o añorando al ser querido.
Entre la tranquilidad y el llanto de la noche silenciosa, cuando la mente está agotada y el cuerpo exige otra cosa.
Entre la calma del desahogo y el sollozo de la tristeza, la alegría de la bonanza y una soledad sin tregua. Entre la fuerza del pujante y la debilidad del inseguro.

Entre tranquilo y llorando, tan feliz, tan desgraciado, exorcizando los fantasmas de todo lo que ha pasado y queriendo sumar el espectro de eso tan resistente, de ese infernal demonio que a diario mata y nunca muere, peleando con el pasado y dándole lidia al futuro.

Avanzando a trompicones, sin dejar de caminar, porque así viven los hombres después de cierta edad. Cargando a sus espaldas el peso de la conciencia, llevando a cuestas siempre esa constante guerra, esa que a diario pelea apenas se abre el debate y se pasa el tiempo peleando, y tambaleando, debatido eternamente entre la tranquilidad y el llanto.