domingo, 23 de septiembre de 2012

Mercantes y Piratas



Los viejos lobos de mar
Se adentran en la noche,
Prestos las velas a izar,
De su experiencia
Haciendo derroche.

Tienen a mano el sable,
En la boca un gran puñal,
Y el fulgor de un rayo grande
Al ataque sirve de señal.

No temen su destino,
Lo esperan con mirada fiera,
Saben que el fin es desconocido
Aceptan lo que la suerte quiera.

Gordas se hinchan las velas
Del gran galeón pirata,
Y cual fieras al acecho
El sigilo los resguarda.

Se ve de pronto a lo lejos,
La luz del buque mercante,
Que desconoce el ataque,
Y navega aquella noche,
Sumido en calma ignorante.

Lobos de mar en sus puestos,
Esperan el fogonazo
Que al abordaje y la lucha
Llama el primer cañonazo.

Deslumbra, silva y revienta,
Aquel disparo primero,
Los ganchos unen los barcos
En fría noche de enero.

Llega tarde a los fenicios,
El momento de defensa
Pero aunque desprevenidos
Estos no son gente mensa.

Guerreros bravos y fuertes,
Son los hombres de ambos bandos,
Pelean hasta la muerte,
Atacantes y atacados.

¡Por el oro y por la muerte!
Grita el jefe a su manada,
Blandiendo muy hábilmente
Su reluciente espada.

El capitán del mercante
Viendo encima la derrota
Piensa con calma alarmante
Y le echa mano a una antorcha.

Por las escalas desciende,
Rápido y muy furtivo,
Saltando el cuerpo inerte
De algún amigo caído.

Mientras en la cubierta
Los piratas cantan victoria
El buen capitán mercante
En bodega encuentra la pólvora.

Ya con la antorcha en la mano,
Y sin pensarlo dos veces,
Prende fuego a los barriles,
La oscuridad se estremece,
Estalla la gran explosión,
Y ambos barcos desaparecen.

Así termina el asalto
Del grupo de bucaneros
Nunca temieron la muerte
Y cayeron como hombres fieros.

martes, 18 de septiembre de 2012

Fuera de Tiempo



A la mujer de oscura noche
Con ojos color de cielo
Con un amor que se esconde
Tras del silencio y su velo.

Le dije cosas hermosas,
Salidas del corazón.
Ella es como las rosas
Y a mi me tocó el chuzón.

Llego tarde el momento extraño,
Que fue por los dos deseado,
Cobra bien caro el destino
Eso de quedarse callado.

No hay nadie a quien culpar
Por la ironía del mundo,
Pero sus únicas palabras
Traducen un “quizás” rotundo.

La abrazo en mis pensamientos
La beso con mi mirada
¿Le ganó el tiempo al sentimiento?
¿O fue solo una mala pasada?

Ni me pierdo ni me ofrezco
Que sea lo que Dios quiera
Pero no vuelvo a guardar silencio
Pa terminar de esta manera.

Confío en que el deseo
Nos arregle el caminado
Y que este poema me ayude
Para tenerla a mi lado.